Austeridad y ahorro sistemático, base para unas sanas finanzas personales

Abordamos en este segundo post del mes dedicado a ‘Planificar el ahorro’ algunas consideraciones generales para conseguir que el ahorro, dentro de las finanzas personales, sea sistemático, es decir, una costumbre adquirida que contribuirá a nuestra ‘salud’ financiera.

La pasada semana tratamos sobre lo que llamamos ‘consumo informado’. Es una de las bases sobre las que se debe construir un plan de ahorro, que a su vez conviene integrar en el presupuesto familiar, y todo ello acompañado de ciertos hábitos de austeridad en los gastos. Te ofrecemos a continuación algunas claves para realizar esta planificación.

  • Diseñar un plan, en el que previamente se hayan diferenciado las necesidades básicas de las más secundarias que, en ocasiones, pueden llegar a ser un ‘lujo’. Como necesidades básicas entendemos la alimentación, vivienda, higiene y limpieza, ropa o transporte para trabajo o estudios. En el segundo grupo entrarían aspectos más propios del estilo de vida o de actividades de ocio y diversión.
  • Revisar si, dentro de las consideradas necesidades básicas, se puede realizar algún ajuste. Por ejemplo, ver si los gastos asociados a la vivienda (hipoteca o alquiler, por un lado, y consumos en suministros básicos, por otro) tienen alguna opción de rebaja, o si en las compras habituales se puede conseguir algún tipo de ahorro por cambio de establecimiento, marcas consumidas, etc., sin que se vea perjudicada la calidad o satisfacción personal que buscamos.
  • Adecuar los gastos de ocio y diversión, entre los que se podrían incluir viajes y vacaciones, a nuestras posibilidades de gasto o capacidad de pago aplazado. Explorar alternativas de ocio más asequibles.
  • Intentar incluir en el presupuesto una parte fija que se destine a ahorro, para completar un fondo de emergencia o con vistas a alguna compra futura de algún bien no ordinario (por ejemplo, un vehículo, o producto de consumo de mayor precio).
  • Como parte de este ahorro se puede incluir una parte del presupuesto para productos financieros que tengan como finalidad la etapa de jubilación.
  • Inculcar en el resto de los miembros de la familia, si es el caso, la importancia de la austeridad y el ahorro como hábito. Implicarles en la gestión o información sobre las cuentas familiares.

Este último punto es uno en los que más hincapié queremos hacer, con vistas a mejorar la educación y cultura financiera de los más pequeños.