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Coche híbrido o eléctrico, ¿cuál le interesa más comprar?

La decisión habitual de escoger entre un coche diésel o gasolina ha dado un paso más allá y, entre el abanico de posibilidades que ofrecen los concesionarios se han sumado dos opciones más: híbrido o eléctrico. Si está pensando en adquirir un automóvil respetuoso con el medio ambiente, ¿sabe cuál le interesa más comprar? Hoy le explicamos las principales diferencias entre ambos tipos de vehículos.

¿Qué es un coche eléctrico?

Aunque puede resultar curioso, este tipo de vehículos fue uno de los primeros que se desarrollaron allá por el siglo XIX y, como indica su nombre, cuenta con un motor propulsado con electricidad que se encarga de hacerlo funcionar a través de interacciones electromagnéticas: el elemento conductor de su interior se mueve cuando está dentro de un campo magnético y recibe corriente eléctrica.

Habitualmente, los coches eléctricos son automáticos, con una conducción muy suave, silenciosa y sin tirones que no genera ningún tipo de emisión contaminante a la atmósfera. Además, para recargar sus baterías bastará con enchufarlo a la corriente, como hacemos con otros muchos aparatos en nuestra vida diaria.

Su principal inconveniente es que la autonomía es limitada, ya que sus baterías no permiten que por el momento sean capaces de recorrer más de 200 kilómetros de media, por lo que pueden resultar menos útiles para realizar viajes largos.

¿Qué es un coche híbrido?

Es una mezcla entre un vehículo de combustión y un coche eléctrico, de ahí la denominación de “híbrido”. Pero, ¿cómo se desarrolla esta mezcla? Es muy sencillo, estos automóviles cuentan con un motor de combustión eficiente con el depósito de combustible habitual de gasolina o diésel y, a la vez, cuenta con un motor eléctrico de baterías recargables.

Ambos motores se encargan de mover las ruedas y funcionará uno, otro o ambos según sea necesario, a través de un sistema electrónico que lo gestiona de forma completamente automática y sin que sea necesaria la intervención del conductor. Asimismo, hay que destacar que en estos vehículos las baterías se recargan durante la marcha, por lo que no será necesario enchufarlo en ningún momento, ya que se aprovecha la energía cinética que produce el coche.

En este caso, la autonomía del automóvil no viene limitada como en el caso de los eléctricos, ya que si el motor de baterías se quedase sin energía, se podría circular con el de combustión sin ningún tipo de problema.

El objetivo principal de este coche es reducir el consumo de carburante frente a un vehículo de combustión habitual, situado en un 30% de ahorro aproximadamente, pero no se centra en circular de un modo totalmente eléctrico.

¿Cuál permite ahorrar más a largo plazo?

En la actualidad, el precio de un coche eléctrico es más alto que el de un coche convencional con características similares. Sin embargo, aun siendo más caros, permiten ahorrar a largo plazo ya que, si comparamos el consumo necesario para recorrer 100 kilómetros el vehículo eléctrico consume la cuarta parte que uno de gasolina y la tercera que un diésel.

A esto hay que sumarle que el mantenimiento de los automóviles eléctricos es en torno a un 20% inferior, ya que no es necesario cambiar el aceite, ni algunos filtros, ni la correa de distribución o el embrague, entre otros elementos.

En el caso del híbrido, aunque el precio de compra no ofrece tanta diferencia comparado con uno de gasolina o diésel, el ahorro por cada 100 kilómetros no es tan marcado como en el caso del eléctrico, por lo que para que sea rentable adquirir un vehículo híbrido será necesario recorrer muchos kilómetros cada año.

Para concluir, y a modo resumen, un coche eléctrico saldría rentable en comparación con un vehículo diésel si se recorren unos 60 kilómetros cada día, principalmente en la ciudad o alrededores, mientras que uno híbrido permitirá ahorrar a largo plazo cuantos más kilómetros se recorran al año.

Y usted, ¿por cuál se decantaría?