Consumo responsable y economía circular, dos conceptos asociados a la sostenibilidad

Desde el pasado agosto publicamos en el blog una serie de contenidos temáticos  cada mes (ocio y tiempo libre en agosto, y ahorro en septiembre). Para este mes de octubre hemos pensado en tratar aspectos sobre sostenibilidad, e iniciamos la serie con unas consideraciones sobre consumo responsable y economía circular.

A lo largo del mes entraremos ya en más detalles concretos sobre cómo puede contribuir cada uno, en su medida, a un desarrollo compatible con la conservación del medio ambiente.

El concepto de consumo responsable se ha manejado en informes y recomendaciones de organismos supranacionales, como Naciones Unidas, o cumbres mundiales (por ejemplo, la Cumbre de la Tierra de 2002). También es una idea que cada vez más, vemos introducida como referente u objetivo en la legislación sobre consumo.

En una definición rápida, podríamos decir que consiste en decantarse por aquellos productos o servicios que, además de satisfacer nuestras necesidades, su producción suponga un menor impacto ambiental o social. De esta forma, se reconoce además a las empresas que trabajan en esta dirección. Para ello, tener información sobre los productos, su origen o su proceso de transformación puede servir de gran ayuda.

Como parte del consumo responsable estaría el hábito de recurrir solo a los productos o servicios que necesitemos, para evitar compras compulsivas o despilfarro. En este sentido, ya hemos anticipado muchas recomendaciones en post anteriores sobre ahorro, tanto en el agua y servicios energéticos como en el resto de la economía doméstica.

En otro ámbito, pero también como elemento muy interrelacionado con la sostenibilidad, está la economía circular. Su objetivo es extraer el máximo valor posible de los materiales y recursos, es decir, que se mantengan en el proceso productivo y de consumo cuanto más tiempo mejor, y que la generación de residuos, por el reciclaje, sea por tanto menor.

Desde la Unión Europea y otros organismos se plantean medidas encaminadas a desarrollar la economía circular, como normativas para el uso de sustancias biodegradables, reciclaje de plásticos, uso controlado de fertilizantes para agricultura, y fomento de la reutilización de materiales y aguas.

En resumen, de lo que se trata es de intentar cambiar el modelo de consumo para que, cada vez más, mejore el aprovechamiento de los recursos naturales y disminuya la producción de sustancias dañinas para el medio ambiente.