El estándar 5G, un gran avance tecnológico y económico que se hará esperar en España

Esta última semana hemos podido leer y escuchar en medios de comunicación noticias sobre el futuro del 5G en España, país que no estará en el grupo de cabeza de los que adelantarán su implantación masiva. Japón, Corea del Sur y Singapur, en Asia, y Estados Unidos, en América, preparan sus ofertas de servicios de comunicaciones con 5G para los próximos tres años, en los que grandes eventos como los Juegos Olímpicos serán protagonistas y servirán de escaparate para el funcionamiento de esta tecnología.

Para España, según ha anunciado el titular del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal esta misma semana, se habilitará una banda para que las empresas de telecomunicaciones puedan realizar pruebas de desarrollo, mientras que para el despliegue de redes 5G habrá que esperar a la aprobación de un estándar común para los operadores europeos.

El término 5G alude a la quinta generación de tecnología estándar para la banda ancha inalámbrica y, lógicamente, supondrá grandes avances en cuanto a velocidad y prestaciones en general de los servicios de telecomunicaciones. Dejará muy atrás al actual LTE-4G, y no digamos al ya casi obsoleto 3G. Además, se presenta como una tecnología más eficiente y ahorradora (mejor aprovechamiento de la banda de frecuencias y menos gasto energético).

De entrada, la velocidad será cien veces superior, con un funcionamiento incluso superior a las redes de fibra óptica. Además, y no menos importante, la tecnología 5G reduce el tiempo de respuesta de un dispositivo al ejecutar una orden. Esto es importante, entre otras aplicaciones, para el Internet de las Cosas. Por ejemplo, que una acción ordenada a distancia desde un dispositivo móvil ponga en marcha de inmediato otro equipo conectado (domótica o electrodomésticos en las viviendas).

Para otros equipos cuyo funcionamiento está basado en sensores, como máquinas industriales, coches autónomos o robots, las comunicaciones ultrarrápidas también son vitales.

De esta mejora en la eficiencia y coste de los procesos se deduce que muchos sectores, especialmente la industria y algunos servicios con más porcentaje de digitalización, pueden verse muy beneficiados, económicamente hablando. Y en consecuencia, el empleo.