El fondo de emergencia, un conveniente ‘colchón’ para imprevistos

A lo largo de este mes de septiembre hemos tratado sobre el ahorro en varios post temáticos, enfocado desde el punto de vista personal y familiar. Hemos tratado de recordar algunas ideas básicas con las que plantearse consolidar un hábito de ahorro, como el consumo racional o cierta austeridad. Entre las recomendaciones ya hemos mencionado la conveniencia del establecimiento de un fondo de emergencia.

Llamamos así a lo que de forma coloquial nos referimos como un ‘colchón’ para situaciones imprevistas, que sería esa reserva de dinero con la que afrontar cualquier gasto no programado (accidentes, problemas de salud, paro, problemas legales, desastres naturales o vandalismo, etc.). Para gestionar este fondo de emergencia existen diferentes productos bancarios adecuados para ello, algunos de los cuales ya describimos la pasada semana en esta infografía. Además, con ellos se puede obtener una cierta rentabilidad.

¿De qué cuantía hablamos cuando nos referimos a un ‘fondo de emergencia’? Lógicamente, no hay una respuesta única, ya que cada familia o persona es un mundo diferente, con circunstancias que varían mucho. Dependerá de los ingresos, gastos fijos o personas a cargo, entre otros factores.

Algunos expertos hablan de una cantidad que podría ser el equivalente a los gastos fijos de un periodo entre tres y seis meses, aunque esa sería una situación ideal. Lo conveniente es que cada persona o unidad familiar, en la medida de sus posibilidades, tenga presente este posible fondo de emergencia (que no excluye otras inversiones) y contemple su aportación mensual como si fuera un gasto fijo más.

Además de intentar acercarse al objetivo de ahorro, no hay que olvidar el fin de esta reserva dineraria, que es salir al paso de cualquier caso de emergencia (en determinadas situaciones podría ser complementaria o servir de anticipo a una posible indemnización si existen contratos de seguro).