La relación riesgo-rentabilidad, clave en la decisión de inversión

La pasada semana explicábamos en un post qué es la inversión y algunos conceptos asociados que se suelen manejar en este campo. Hoy queremos centrarnos en cómo hacer un planteamiento general para desarrollar una actividad inversora.

Un primer aspecto que debemos tener claro es que una inversión conlleva una carga de incertidumbre o riesgo sobre el dinero que a ella podemos dedicar. El objetivo de una inversión es obtener un rendimiento del dinero, es decir, generar más cantidad que la que se puede obtener con los intereses de productos de ahorro. La contrapartida es el riesgo que cada uno esté dispuesto a asumir.

El binomio riesgo-rentabilidad, por tanto, está presente como característica principal de la inversión, y la relación suele ser proporcional: a más riesgo, más rentabilidad. Pero no está asegurada ni el resultado positivo de la inversión ni el rendimiento final.

Como consejos prácticos a la hora de plantear una inversión, lo ideal es establecer un planteamiento de necesidades u objetivos que queremos conseguir, y todo ello dentro de un marco temporal. A lo largo de la vida, puede haber momentos ideales para adentrarse en esta actividad, o situaciones que aconsejen una mayor prudencia o seguridad.

Si se está en un buen momento para acometer una inversión, una de las primeras decisiones debe ser determinar el riesgo que se esté dispuesto a asumir. En función de este perfil inversor (conservador o arriesgado, y bajo la premisa básica que a igualdad de riesgo, optar por más rentabilidad, y para rentabilidades similares, elegir el menor riesgo), el paso siguiente es buscar información y asesoramiento sobre las múltiples opciones con las que se cuentan, desde la renta fija a la variable o fondos, pasando por inversiones en bienes muebles que tengan una posible buena revalorización o inmuebles.

En el próximo post dedicado a las inversiones hablaremos de estas opciones.